lunes, 20 de julio de 2009

Meditacion


JMS Huellas en mi corazon


"Algunas personas llegan a nuestra vida y muy pronto se van, otras se quedan un tiempo nos dejan huellas en el corazon y ya nunca mas uno vuelve a ser el mismo."


Un crudo dia de invierno, un alumno entró en mi clase de quinto grado para diferenciales y dejó su huella en mi corazón. A pesar del frío, Bobby vestía solo una remera suelta y un par de vaqueros raídos, demaciados chicos. Le faltaba el cordón de un zapato, que al caminar cacheteaba el suelo.

Bobby no parecia un niño normal, nunca había visto semejante aspecto de abandono, no solo su aspecto era extraño , la conducta de Bobby era tan estrafalaria que para él, el fregadero redondo de un pasillo era un orinal; su tono de voz normal era un aullido; estaba obsesionado por el pato donald y nunca miraba a nadie a los ojos. En clase farfullaba constantemente comentarios fuera de lugar. Cierta vez anunció, orgulloso, que el maestro de educación física lo había obligado a ponerse desodorante , diciendo que olía mal.

Aparte de estas atroses tendencias sociales, prácticamente carecía de capacidad academica. A los once años aún no sabia ni leer ni escribir. Ni siquiera las letras del abecedario, decir que no estaba al nivel de los alumnos de mi clase era quedarse corto.

Yo estaba segura de que Bobby no condecia con mi grupo. Al revisar sus antecedentes, me sorprendió decubrir que su coeficiente intelectual era normal.

¿Cuál podría ser el motivo de esa extraña conducta? Hablé con el consejero escolar, que conocia a la madre.

-Es mucho mas anormal que Bobby- Aseguró.

Seguí investigando en los archivos, así descubrí que había pasado sus primeros tres años de vida en un hogar sustituto. Una vez devuelto a su madre , se habian mudado de pueblo en pueblo una vez al año, cuanto menos.

Así estaban las cosas, Bobby tenia inteligencia normal y a pesar de su rara conducta debia continuar en mi clase.

Me duele reconocerlo pero su presencia me molestaba. El aula estaba superpoblada y tenía varios alumnos difíciles. Nunca habia tratado de enseñar a alguien con tan poca aptitud. Hasta planificar las lecciones para él era una lucha .

Durante sus primeras semanas me despertaba con un nudo en el estómago, asqueada por la nesecidad de ir a trabajar. Hubo dias en que fuí a la escuela con la esperanza de no encontrarlo allí. Como me ufanaba de ser buena maestra, me reprochaba esa antipatía, esa resistencia a tenerlo en mi clase.

Aunque Bobby me volvia loca hice esfuerzos, para tratarlo como a los demas alumnos.

Nunca permití que nadie se ensañara con él en clase. Fuera del aula, para los otros era un juego maltratarlo. Eran como la jauría de bestias salvajes que se vuelve contra el miembro herido o enfermo.

Al mes de su ingreso Bobby llego con la camisa rota y la naríz ensangrentada. Algunos alumnos se le habian arrojado encima. Se sentó ante el pupitre, como si nada hubiera ocurrido, y abrió el libro para tratar de leer; sobre la página cayeron lágrimas mezcladas con sangre. Indignada, hice que Bobby fuera a la enfermeria y desaté mi furia verbal sobre los alumnos que lo habían lastimado. Les grité que debian avergonsarse de maltratarlo solo por ser diferente. Que su conducta extraña era un motivo más para tratarlo con bondad. En algún punto de mi arenga empezé a escucharme. Entonces caí en la cuenta, de que yo también tenía que cambiar mi actitud hacia él.

Ese incidente me hizo recapacitar con respecto a Bobby. Por fin pude ver mas allá de su conducta singular, allí habia un niñito muy necesitado de que alguien se ocupara de él. Comprendí que la verdadera maestra no es solo la que enseña las materias educativas, sinó la que responde a las nesecidades de sus alumnos. Y Bobby tenia carencias extraordinarias que yo debía cubrir.

Empecé por comprarle ropa en el ejército de salvacion. Sabia que los alumnos se burlaban de él porque solo tenía tres camisas. Elegí con cuidado ropa elegante y en buenas condiciones. el quedó encantado con las prendas: eso mejoró notablemente su autoestima. Cuando salió de su caparazón descubrí que en realidad era un chico simpático. Su conducta mejoró; hasta me miraba brevemente a los ojos. Ir al trabajo ya no era horrible. En realidad esperaba verlo venir por el pasillo. Cuando faltaba me preocupaba por el.

Noté que según cambiaba mi actitud hacia él sucedía con otro tanto con la conducta de los demás alumnos. Dejaron de ensañarse y lo incluyeron en el grupo.


Un día Bobby trajo una nota, anunciando que se mudaria dos dias después. Me sentí desolada. Aún no había podido conseguirle toda la ropa que quería.

Aproveché la hora de descanso para salir a comprarle un conjunto. Se lo entregué diciendole que era mi regalo de despedida. Cuando vió las etiquetas de la ropa dijo: -No recuerdo haber usado ropa nueva.

Algunos chicos se enteraron de que Bobby se mudaba y, al terminar la clase me preguntaron si podian organizar una fiesta de despedida al dia siguiente.

-Claro- dije. Pero interiormente pensé: "Si no se acuerdan de hacer los deberes, ¿como van a organizar una fiesta para mañana?".

Para mi sorpresa, lo hicieron. A la mañana siguiente trajeron una torta, guirnaldas globos y regalos para Bobby. Sus torturadores se habian convertido en sus amigos.

En su último día de escuela, Bobby entró en el aula con una gran mochila llena de libros infantiles. Disfrutó de la fiesta y, cuando estuvo todo en orden, le pregunté que hacía con todos esos libros.

-Son para usted - dijo-, como en casa tengo muchos, se me ocurrió traerle algunos.

Estaba segura de que Bobby no tenía en su casa nada que le perteneciera; libros mucho menos. Si el chico no tenía mas de tres camisas . ¿Era posible que tuviera tantos cuentos?

Al revisarlos descubrí que la mayoría pertenecián a bibliotecas de los diversos lugares donde había vivido. Algunos tenian escrita la leyenda: Ejemplar para el docente.

Comprendí que en realidad, no le pertenecián, pues los habia conseguido por medios dudosos. Pero me estaba dando cuanto era suyo. Nunca me habian hecho un regalo tan maravilloso: descontando la ropa que llevaba puesta, comprada por mí, Bobby me estaba dando todo lo que tenía.

Ese dia antes de irse, Bobby me preguntó si podiamos ser amigos epistolares. Salió del aula con mi dirección anotada, dejándome sus libros y, por siempre, sus huellas en el corazón.

Laura D. Norton-


Este relato de Laura es verídico, y nos demuestra como Dios se manifiesta de maneras misteriosas, haciendonos ver de verdad y con el corazon, todo lo que podemos hacer por nuestro Prójimo.

Hoy en el dia del amigo, pensemos como podemos ver el rostro de Dios en nuestro prójimo y digamos juntos:

" Señor, muestranos tu rostro".

Creamos sin ver porque eso realmente es la Fe: Que palpite nuestro corazon en su busqueda y que lo sigamos buscando y muy especialmente en nuestro hermano, así como nos enseñó el maestro: "Amarás al Señor tu Dios con toda tu alma, con todo tu corazón y con toda tu fuerza y amarás al prójimo como a ti mismo".



Oremos

"Señor, haz que escuchado estos relatos nuestra fe se vea fortificada y que aprendamos a ver a Dios con la fuerza de nuestro deseo de conocerlo, ya sea mediante la oración en comunidad, mediante la presencia del Santísimo, mediante la imposición de manos y muy pero muy especialmente en el encuentro con el Prójimo; aquél al cual Dios puso en nuestro camino."

Amén.


Un padre a quien estimo mucho dijo; "La vida es un encuentro con los demás con los prójimos que la vida va poniendo a nuestro lado para enriquecernos con ellos y hacer la comunion para la cual Dios nos hizo."


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