lunes, 14 de septiembre de 2009

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa cruz redimiste al mundo.


JMS Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna,
Nosotros hemos de gloriarnos en la cruz de nuestro Señor Jesucristo: en él está nuestra salvación, vida y resurrección; él nos ha salvado y liberado.



Evangelio del dia 14 de Septiembre

Jesús dijo a Nicodemo: "Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo,
el Hijo del hombre que está en el cielo.
De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que El Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que crean en El tengan Vida Eterna.

Si, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su hijo único para que todo el que cree en El no muera, sino que tenga Vida Eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por El".
San Juan 3, 13-17

Reflexión: La fe sin condicionamientos es la forma de vivir plenamente, por que la vida plena es la entrega total al servicio del Reino de Dios; es vivir autenticamente aún cuando haya limitaciones aceptando sin reservas lo que Dios quiere para
nosotros. El que busca su vida la perderá, el que entrega su vida a Dios la ganará para la Vida Eterna.



La Cruz se presenta en nuestra vida de muy diferentes maneras:
enfermedad, pobreza, cansancio, dolor, desprecio, soledad... Hoy podemos examinar en nuestra oración nuestra disposición habitual ante esa Cruz que se muestra a veces difícil y dura, pero que, si la llevamos con amor, se convierte en fuente de purificación y de Vida, y también de alegría.
¿Nos quejamos con frecuencia ante las contrariedades? ¿Damos gracias a Dios también por el fracaso, el dolor y la contradicción? ¿Nos acercan a Dios estas realidades, o nos separan de Él?
Es posible que desde niños aprendiéramos a hacer el signo de la Cruz en la frente, en los labios y en el corazón, en señal externa de nuestra profesión de fe. En la Liturgia, la Iglesia utiliza el signo de la Cruz en los altares, en el culto, en los edificios sagrados.
Es el
árbol de riquísimos frutos, arma poderosa, que aleja todos los males y espanta a los enemigos de nuestra salvación:
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, pedimos todos los días al signarnos. La Cruz enseña un Padre de la Iglesia “es el escudo y el trofeo contra el demonio. Es el sello para que no nos alcance el ángel exterminador, como dice la Escritura (cfr. Ex 9, 12).
Es el instrumento para levantar a los que yacen, el apoyo de los que se mantienen en pie, el bastón de los débiles, la guía de quienes se extravían, la meta de los que avanzan, la salud del alma y del cuerpo, la que ahuyenta todos los males, la que acoge todos los bienes, la muerte del pecado, la planta de la resurrección, el árbol de la vida eterna”
.
El Señor ha puesto
la salvación del género humano en el árbol de la Cruz, para que donde tuvo origen la muerte, de allí resurgiera la Vida, y el que venció en un árbol, fuera en un árbol vencido.

La Cruz de cada día es una gran oportunidad de purificación, de desprendimiento y de aumento de gloria. San Pablo enseñaba con frecuencia a los cristianos que las tribulaciones son siempre breves y llevaderas, y el premio de esos sufrimientos llevados por Cristo es inmenso y eterno. Por eso el Apóstol se gozaba en sus tribulaciones, se gloriaba de ellas y se consideraba dichoso de poder unirlas a las de Cristo Jesús y completar así su Pasión para bien de la Iglesia y de las almas. El único dolor verdadero es alejarnos de Cristo. Los demás padecimientos son pasajeros y se tornan gozo y paz: “¿No es verdad que en cuanto dejas de tener miedo a la Cruz, a eso que la gente llama cruz, cuando pones tu voluntad en aceptar la Voluntad divina, eres feliz, y se pasan todas las preocupaciones, los sufrimientos físicos o morales?

“Es verdaderamente suave y amable la Cruz de Jesús. Ahí no cuentan las penas; solo la alegría de saberse corredentores con Él”.

El trato y la amistad con el Maestro nos enseñan, por otra parte, a ver y a llevar con una disposición joven, decidida, alejada de la tristeza y de la queja, las dificultades que se presentan. Las veremos, igual que han hecho los santos, como un estímulo, un obstáculo que es preciso saltar en esta carrera que es la vida. Este espíritu alegre y optimista, incluso en los momentos difíciles, no es fruto del temperamento ni de la edad: nace de una profunda vida interior, de la conciencia siempre presente de nuestra filiación divina. Esta disposición serena, optimista, creará en toda circunstancia un buen ambiente a nuestro alrededor en la familia, en el trabajo, con los amigos... y será un gran medio para acercar a otros al Señor.

Terminamos nuestra oración junto a Nuestra Señora. ““Cor Mariae perdolentis, miserere nobis!” invoca al Corazón de Santa María, con ánimo y decisión de unirte a su dolor, en reparación por tus pecados y por los de los hombres de todos los tiempos.

“Y pídele para cada alma que ese dolor suyo aumente en nosotros la aversión al pecado, y que sepamos amar, como expiación, las contrariedades físicas o morales de cada jornada”.

Dios bendice con la Cruz cuando quiere otorgar grandes bienes a un hijo suyo, al que trata entonces con particular predilección.

Cuando sientas el peso de tu cruz ora con mas firmesa:

“Hágase, cúmplase, sea alabada y eternamente ensalzada la justísima y amabilísima Voluntad de Dios, sobre todas las cosas. Amén. Amén”.

“Yo te aseguro que alcanzarás la paz”.

Cruz fiel, tú eres el árbol más noble de todos; ningún otro se te puede comparar en hojas, en flor, en fruto.

Propósito:

Cada vez que vea una cruz me haré su señal o rezaré: "Te adoramos, Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo".

Las siete palabras de Cristo en la cruz

Jesús amado, que por amor mío agonizasteis en la cruz, a fin de pagar con vuestras penas la deuda de mis pecados, y abristeis vuestra divina boca para obtenerme el perdón de la justicia eterna: tened piedad de todos los fieles agonizantes y de mí en aquella hora postrera; y por los méritos de vuestra preciosísima Sangre derramada por nuestra salvación, concedednos un dolor tan vivo de nuestras culpas que nos haga morir en el seno de vuestra infinita misericordia.

Tres Gloria.

Tened piedad de nosotros, Señor, tened piedad de nosotros.

Dios mío, creo en Vos, espero en Vos, os amo y me arrepiento de haberos ofendido con mis pecados.

Himno a la SANTA CRUZ

Brille la cruz del verbo luminosa,

Brille como la carne Sacratísima de aquel Jesús nacido de la Virgen

que en Gloria del Padre,

vive y brilla.

Gemía Adán, dolkiente y conturbado,

lágrimas Eva junto a Adán vertía;

brillen sus rostros por la cruz gloriosa,

Cruz que se enciende cuando el Verbo expira.

¡Salve Cruz de los montes y caminos, junto al enfermo suave medicina,

regio trono de Cristo en las familias, cruz de nuestra fe, Salve cruz Bendita!.

Reine el Señor crucificado levantando la cruz donde moria;

nuestros enfermos ojos buscan luz, nuestros labios, el río de la vida.

Te adoramos, oh cruz que fabricamos, pecadores con manos deicidas;

Te adoramos, ornato del Señor, Sacramento de nuestra eterna dicha.

Amén.