martes, 8 de septiembre de 2009

Celebremos con júbilo el nacimiento de la santísima Virgen María, de la cual nació Cristo, nuestro Dios y Salvador.



JMS Natividad de la Virgen María Fiesta

Me llenaré de alegría en el Señor Cantaré al Señor por el bien que me ha hecho

Evangelio del dia 8 de Septiembre

Este fue el origen de Jesucristo: María su Madre, estaba comprometida con Jose y, cuando todavía no habian vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espiritu Santo. José su esposo, que era un hombre justo y no queria denunciarla publicamente, resolvió abandonarla en secreto.

Mientras pensaba en esto, el angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo:"José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espiritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque El salvará a su pueblo de todos sus pecados".

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que El Señor habia anunciado por el profeta: L a Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quién pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa "Dios con nosotros".

San Mateo 1, 18-23


Reflexión:

En dos expresiones explica Dios, a través de su mensajero, porqué quiso hacerse hombre: "Salvarnos de todos los pecados" y "Dios con nosotros"(habitar en medio nuestro, vivir "en" nosotros por la Gracia). Todo lo demas es secundario. y Mariá Santísima hizo posible este designio de salvación. Celebramos su nacimiento porque Maria es mediadora de toda bendición para los hombres, porque desde que Ella nació Dios miró con agrado a la tierra. P. G. S.

Propósito:

Mes de la Biblia: Rezar el Rosario meditando el pasaje del Evangelio correspondiente a cada misterio.

Oración a La Virgen Niña

¡OH graciosísima niña!, que con tu feliz nacimiento

has consolado al mundo, alegrado al cielo y aterrado al infierno;

has dado ayuda alos caídos,salud a los enfermos y alegria a todos;

te suplicamos con los mas fervorosos afectos que renazcas espiritualmente

con tu santo amor en nuestras almas; renueva nuestro espiritu para que te

sirvamos enciende de nuevo nuestro corazón para que te amemos;

y haz florecer en nosotros aquellas virtudes con las que podamos

hacernos siempre mas agradables a tus benignísimos ojos.

Amén

Dios Padre, al contemplar a María recién nacida, se alegró con una alegría infinita al ver a una criatura humana sin el pecado de origen, llena de gracia, purísima, destinada a ser la Madre de su Hijo para siempre. Con frecuencia, lo importante para Dios pasa oculto a los ojos de los hombres que buscan algo extraordinario para sobrellevar su existencia. Solo en el Cielo hubo fiesta, y fiesta grande.

Dios la contemplaba lleno de amor en los menudos quehaceres de cada día y se gozaba con un inmenso gozo en estas tareas sin apenas relieve.

Al contemplar su vida normal, nos enseña a nosotros a obrar de tal modo que sepamos hacer lo de todos los días de cara a Dios: a servir a los demás sin ruido, sin hacer valer constantemente los propios derechos o los privilegios que nosotros mismos nos hemos otorgado, a terminar bien el trabajo que tenemos entre manos...

Si imitamos a Nuestra Madre, aprenderemos a valorar lo pequeño de los días iguales, a dar sentido sobrenatural a nuestros actos, que quizá nadie ve: limpiar unos muebles, corregir unos datos en el ordenador, arreglar la cama de un enfermo, buscar las referencias precisas para explicar la lección que estamos preparando... Estas pequeñas cosas, hechas con amor, atraen la misericordia divina y aumentan de continuo la gracia santificante en el alma. María es el ejemplo acabado de esta entrega diaria, “que consiste en hacer de la propia vida una ofrenda al Señor”.



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