martes, 1 de septiembre de 2009

El Amor de Dios es la flor; La Misericordia el fruto. Que el alma lea estas consideraciones sobre la Misericordia Divina y recobre la confianza.


JMS Alcanzemos el Amor de Dios con esta Oracion;
Dulcísimo Jesús, incendia mi amor por ti. Divinizame para que mis obras te sean agradables. Que esto pueda ser obtenido por el poder de la Santa Comunión que recibo diariamente.
Acudo a tu Misericordia, Dios compasivo, ya que solo tú eres bondad. Aunque mi miseria es grande y mis ofensas numerosas, confío en tu Misericordia y desde tiempo inmemorial nunca se ha oído, ni el cielo, ni la tierra recuerdan que un alma confiada en tu Misericordia, haya quedado decepcionada. Oh Dios de piedad, sólo tú puedes justificarme y jamás me rechazarás cuando yo, arrepentida, me acerque a tu Corazón Misericordioso del cual nadie ha sido rechazado jamás, aunque haya sido el pecador más grande.
Acto de confianza
Oh Dios mio, mi única esperanza, en tí he puesto toda mi confianza y se que no me desilucionaré.

Conozco toda la omnipotencia de tu Misericordia y confío en que me darás todo lo que necesita tu débil niña.
Oh Jesús, escondido en el Santísimo Sacramento, mi único Amor y Misericordia, te encomiendo todas las necesidades de mi alma y de mi cuerpo. Tú puedes ayudarme porque eres la misericordia misma; en tí toda mi esperanza.

Así oraba Santa Faustina, con todo su corazón, y así debemos orar nosotros, porque así le gusta a Dios, Hermano, Hermana; Nuestros santos son nuestros maestros porque de ellos aprendemos a orar y entregarnos en cuerpo y alma, solo dejandonos llevar por el Espiritu Divino, podemos alcanzar el Amor de Dios Santísimo y La Misericordia misma.
Aprendamos a amar a Dios con sinseridad con entrega absoluta dejándolo a El que gobierne nuestra vida Digamos como Santa Faustina: "Jesús, dame la inteligencia, una gran inteligencia sólo para que pueda conocerte mejor; porque cuanto más te conozca, tanto más ardiente te amare."
La esencia de la devocion a la Divina Misericordia.
La Confianza:

Define nuestra actitud ante Dios. Abarca no sólo la virtud de la esperanza, sino tambien la virtud de la Fe viva, la humildad, la perseverancia y el arrepentimiento de las culpas, es simplemente la actitud del niño que en cada momento confía ilimitadamente en el amor misericordioso y la omnipotencia del Padre celestial.
La Misericordia:
Define nuestra actitud ante cada persona. El Señor Jesús dijo a Sor Faustina: "Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia mi. Debes mostrar misericordia siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte. Te doy tres formas de ejercer misericordia: La primera es la accion, la segunda la palabra, y la tercera; la oracion. En estas tres formas se encierra la plenitud de la Misericordia y es un testimonio indefectible del amor hacia mi. De este modo el alma alaba y adora mi misericordia."

Terminaremos esta reflexion de La Misericordia de Nuestro Señor Jesús Misericordioso y El Amor insondable que nos tiene a nosotros, sus hijos con esta oracion de confianza plena.

Oremos:
Oración para ser misericordioso Escrita por santa María Faustina

“Oh Señor, deseo transformarme toda en Tu misericordia y ser un vivo reflejo de Ti. Que este supremo atributo de Dios, es decir su insondable misericordia, pase a través de mi corazón al prójimo.


Ayúdame, oh Señor, a que mis ojos sean misericordiosos, para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarla.

Ayúdame, oh Señor, a que mis oídos sean misericordiosos para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos.
Ayúdame, oh Señor, a que mi lengua sea misericordiosa para que jamás hable negativamente de mis prójimos sino que tenga una palabra de consuelo y perdón para todos.
Ayúdame, oh Señor, a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras para que sepa hacer sólo el bien a mi prójimo y cargue sobre mí las tareas más difíciles y más penosas.

Ayúdame, oh Señor, a que mis pies sean misericordiosos para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio. (...)
Ayúdame, oh Señor, a que mi corazón sea misericordioso para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo (...)Que Tu misericordia, oh Señor mío, repose dentro de mí” (Diario, 163).

Santa María Faustina Sobre la Oración;
"A través de la oración el alma se arma para enfrentar cualquier batalla. En cualquier condición en que se encuentre un alma, debe orar. Tiene que rezar el alma pura y bella, porque de lo contrario perdería su belleza; tiene que implorar el alma que tiende a la pureza, porque de lo contrario no la alcanzaría; tiene que suplicar el alma recién convertida, porque de lo contrario caería nuevamente; tiene que orar el alma pecadora, sumergida en los pecados, para poder levantarse y no hay alma que no tenga el deber de orar, porque toda gracia fluye por medio de la oración" (Diario, 146).

... El alma debe ser fiel a la oración, a pesar de las tribulaciones y la aridez y las tentaciones, porque de tal plegaria en gran medida depende a veces la realización de los grandes proyectos de Dios; y si no perseveramos en tal plegaria, ponemos impedimentos a lo que Dios quiere hacer a través de nosotros o en nosotros.

Que cada alma recuerde estas palabras: Y encontrándose en una situación difícil, rogaba más tiempo" . (Diario, 872).

"La paciencia, la oración y el silencio refuerzan al alma. Hay momentos en los cuales el alma debe callar y no conviene que hable con las criaturas; aquellos son los momentos de insatisfacción de sí misma (...) En tales momentos vivo exclusivamente de la fe..."
(Diario, 944).
"El silencio es una espada en la lucha espiritual; (...) El alma silenciosa es capaz de la más profunda unión con Dios; vive casi siempre bajo la inspiración del Espíritu Santo. En el alma silenciosa Dios obra sin obstáculos" (Diario, 477).
"Debemos rogar frecuentemente al Espíritu Santo por la gracia de la prudencia. La prudencia se compone de: la reflexión, la consideración razonable y el propósito firme. La decisión final siempre nos pertenece a nosotros" (Diario, 1106).

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