sábado, 5 de diciembre de 2009

«Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale.» Lc 17, 3


JMS El Projimo garantiza la verdadera caridad, Nunca el amor a Dios puede ser un escape de la realidad; es un mayor compromiso por todos.


Cuando Catalina vivia en Siena con su familia, se sentía comoda en el silencio de sus modesto hogar y en la oscera celda que su padre le habia reservado para sus plegarias. Se complcia a si mismo pasear por el solitario jardin de su casa, en medio de las flores, que gustaba trenzar en forma de cruz o de corona. Pero Dios la llamaba a otra cosa. Se podría decir que una pedagogía divina progresiva que fue llevando a Catalina de su amada soledad a una importante actuacion apostólica.
Fray Raimundo nos ofrece este dialogo encantador entre Cristo y Catalina, fruto de la experiencia mística de esta santa, que a nosotros nos deja una bella y real enseñanza.
- Vete; ya es hora de comer; los tuyos estan ya en la mesa; vete, estate con ellos, luego volveras junto a mí..
-¿Me echas Señor? deshecha en llanto exclama Catalina. ¿Porque mi esposo queridisimo me arroja de su presencia? Si he ofendido a tu Majestad, ahi está mi cuerpo, castígalo; pasaré por todo pero no me impongas el martirio de separarme de tí. ¿Que haré yo en la mesa? Los mios no comprenden cual es mi comida. He huido del mundo y de los mios para ser tu esposa; y ahora que eres mi todo, ¿Me obligas a mezclarme en las cosas en las cosas del mundo, con peligro de recaer en mi ignorancia y llegar a ofenderte...?
-Cálmate, hija queridisima; es presiso cumplir toda justicia y hacer fecunda mi gracia en ti y en otros. No pretendo separarte de mi; quiero por el contrario, unirte a mi mas estrechamente por medio de la caridad con el prójimo.
-Hágase tu voluntad, no la mía, respondió Catalina. Y volvió con los suyos sentándose a la mesa. Santa Catalina de Siena

En su ardiente caridad, trabajó intensamente por la conversión de los pecadores, ofreciendo sus continuas oraciones y ayunos. En Siena, cuando hubo un terrible brote de peste, trabajó constantemente para aliviar a los enfermos. "Nunca se la vio tan admirable como en ese momento”, escribió un sacerdote que la había conocido desde su infancia. "Siempre estaba con los que padecían por causa de la peste; los preparaba para la muerte y los enterraba con sus propias manos. Yo mismo fui testigo del gozo con que los atendía y de la maravillosa eficacia de sus palabras, que dieron lugar a muchas conversiones."


Catalina fue, por naturaleza, optimista. Habla más de los éxitos en la vida espiritual que de las derrotas, de los pecados. Si hace referencia a éstos, siempre los complementa con la siguiente reflexión "Por mucho que el hombre esté inclinado a pecar, está Dios mucho más inclinado a perdonar".

Supo armonizar su vida seglar y activa con largas horas de oración y como no siempre podía estar retirada en una habitación o celda, imaginó y logró llevar esa habitación y celda consigo, dentro de su corazón: no perdió el recogimiento interior y la intención de agradarle a Dios en medio de las gestiones que tuvo que llevar a cabo en el mundo.

El socorro al prójimo, a la comunidad cristiana y a la jerarquía eclesiástica no brota de su corazón bondadoso, sino de su amor al Señor.3 En ese sentido, nos ha dejado un valioso legado espiritual a través de la correspondencia epistolar que mantuvo durante su vida. Sus escritos, dictados a sus discípulos porque no sabía escribir, son una muestra palpable de su reflexión. La primera carta que se conserva fue dirigida a Fray Tomás Della Fonte en 1368. En su libro "El Diálogo" expone la relación de Dios con el hombre. Asimismo, Santa Catalina desarrolla la doctrina del "puente": Cristo como mediador entre Dios y los hombres.

Falleció en Roma el 29 de abril de 1380, a los 33 años de edad. Fue canonizada por Su Santidad el Papa Pío II en 1461 y su fiesta se celebra el 29 de abril. El 4 de octubre de 1970 es proclamada doctora de la Iglesia por Su Santidad el Papa Pablo VI, junto con Santa Teresa de Avila. Fueron las primeras mujeres proclamadas doctoras de la Iglesia. El arte la representa con la corona de espinas, la cruz y lirios.

Catalina, ya libre de las ataduras del mundo, se entrega de lleno a la vida de oración y penitencia. Se la ve volar más que caminar por las vías del espíritu. Pero la tentación no cesa. El enemigo no duerme. Le vienen a veces tentaciones de toda clase. Ella se ve atacada por los cuatro costados y contra todas las virtudes. Se le aparece Jesús y le dice Catalina: «¿Dónde estabas, Esposo de mi corazón, cuando era tan duramente tentada?» «Estaba dentro de tu corazón ayudándote a vencer», le contesta Jesús sonriendo.

Ella no sabe cómo serle más útil al Señor y a su Iglesia a la que ama con toda su alma y por la cual se ha ofrecido como víctima. Un día se le aparece el Señor y le dice: «No puedes serme útil en nada, pero sí que me puedes servir ayudando al prójimo»... Y así lo hace con toda su alma. Le ayuda, le socorre, le sirve, le instruye y le da cuanto tiene para encaminarlo hacia Dios...

Gozó de grandes revelaciones del cielo y nos dejó obras inmortales de profunda sabiduría, como el Diálogo. Por ello merecerá el reconocimiento de la Iglesia que la declarará como la segunda mujer Doctora de la Iglesia, poco después de haber declarado Doctora a Santa Teresa de Jesus.

La figura de Santa Catalina de Siena fue dada a conocer a los habitantes de Buenos Aires gracias a la celebración de la fiesta de la Santa que se realizaba todos los años en la iglesia que lleva su mismo nombre.

Oración:

Señor Dios, tú has mostrado a santa Catalina el amor infinito hacia todos los hombres, hechura de tus manos, que arde en tu corazón . Ella compartió generosamente esta revelación y la vivió en todas sus consecuencias hasta el heroísmo. Concédenos que podamos seguir su ejemplo, confiando en tus promesas y aumentando nuestra fe en tu presencia en cada sacramento, especialmente en el sacramento de tu perdón. Te lo pedimos por Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.






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