miércoles, 26 de mayo de 2010

El Señor promete la paz para su pueblo y sus amigos y para los que se convierten de corazon... salmo 84


JMS El que tiene a Dios en su corazon desborda de alegria.
La tristeza el abatimiento conducen a la pereza, al desgano. Nuestra alegria es el mejor modo de predicar el cristianismo. Al ver la felicidad en nuestros ojos, tomaran conciencia de su condicion de hijos de Dios. Pero para eso debemos estar convencidos de eso. Superemos siempre el desaliento... nada de esto tiene sentido si hemos comprendido la ternura del amor de Dios. La alegria del Señor es nuestra fuerza. Todos nosotros, si tenemos a Jesus dentro nuestro, debemos llevar la alegria como novedad al mundo. La alegria es oracion, la señal de nuestra generocidad, de nuestro desprendimiento y de nuestra union interior con Dios.
Beata Teresa de Calcuta.

Oremos
Dios, que has preparado bienes invisibles para los que te aman, infunde el fervor de tu amor en nuestros corazones, para que amandote en todas y sobre todas tus cosas, podamos alcanzar las promesas que superan todo deseo. Por nuestro Señor Jesucristo.

Desde aqui recordamos unas palabras de Juan Pablo II a los jovenes
Queridos jóvenes, ¡id con confianza al encuentro de Jesús! y, como los nuevos santos, ¡no tengáis miedo de hablar de Él! pues Cristo es la respuesta verdadera a todas las preguntas sobre el hombre y su destino. Es preciso que vosotros jóvenes os convirtáis en apóstoles de vuestros coetáneos. Sé muy bien que esto no es fácil. Muchas veces tendréis la tentación de decir como el profeta Jeremías: “¡Ah, Señor! Mira que no sé expresarme, que soy un muchacho” (Jr 1,6). No os desaniméis, porque no estáis solos: el Señor nunca dejará de acompañaros, con su gracia y el don de su Espíritu.Esta presencia fiel del Señor os hace capaces de asumir el compromiso de la nueva evangelización, a la que todos los hijos de la Iglesia están llamados. Es una tarea de todos. En ella los laicos tienen un papel protagonista, especialmente los matrimonios y las familias cristianas; sin embargo, la evangelización requiere hoy con urgencia sacerdotes y personas consagradas. Ésta es la razón por la que deseo decir a cada uno de vosotros, jóvenes: si sientes la llamada de Dios que te dice: “¡Sígueme!” (Mc 2,14; Lc 5,27), no la acalles. Sé generoso, responde como María ofreciendo a Dios el sí gozoso de tu persona y de tu vida.

Os doy mi testimonio: yo fui ordenado sacerdote cuando tenía 26 años. Desde entonces han pasado 56. Al volver la mirada atrás y recordar estos años de mi vida, os puedo asegurar que vale la pena dedicarse a la causa de Cristo y, por amor a Él, consagrarse al servicio del hombre. ¡Merece la pena dar la vida por el Evangelio y por los hermanos!

Al concluir mis palabras quiero invocar a María, la estrella luminosa que anuncia el despuntar del Sol que nace de lo Alto, Jesucristo:

¡Dios te salve, María, llena de gracia!
Esta noche te pido por los jóvenes de España,
jóvenes llenos de sueños y esperanzas.
Ellos son los centinelas del mañana,
el pueblo de las bienaventuranzas;
son la esperanza viva de la Iglesia y del Papa.

Santa María, Madre de los jóvenes,
intercede para que sean testigos de Cristo Resucitado,
apóstoles humildes y valientes del tercer milenio,
haraldos generosos del Evangelio.

Santa María, Virgen Inmaculada,
reza con nosotros,
reza por nosotros. Amén.

Reza junto a nosotros, ten fe y no te preocupes /Padre Pio/

Aqui un video del Santo Padre ¡Paz i Bien!






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