miércoles, 18 de agosto de 2010

¡Divino Corazón de Jesús! os ofrezco mis pobres acciones para obtener que todos los corazones reconozcan vuestra Sagrada Realeza ...



JMS ...y que, así, el reinado de vuestra paz se restablezca en el universo entero. Así sea.
El Santo Padre pio nos dice "Sé siempre humilde en todo, conservando celosamente la pureza de tu corazon y de tu cuerpo, ellas son las alas que nos llevan hacia Dios, y casi nos divinizan."

Desde cada Eucaristia y cada Sagrario, Jesus sigue dandonos ejemplos que imitar.
Todas las virtudes proceden de Dios, y de la Eucaristia sobre todo se complace Jesus en hacerlas bajar sobre nuestras almas como torrentes de gracia mediante los ejemplos que en ella nos da. Pero estos ejemplos debemos nosotros verlos, ser atentos a ellos, estudiarlos y asimilarnoslos. Donde podremos aficionarnos mas a la humildad que a los pies de la Sagrada Hostia? Donde encontrar mas hermosos ejemplos de silencio, de paciencia y de mansedumbre?
En la vida Eucaristica, en que nos enseña que la santidad, se ejercita sobre todo en las pequeñas ocasiones, ha puesto
Jesus el remedio contra la tentacion de la soberbia. Nos enseña con su anonadamiento, asi como la ausencia de la vida exterior y solo mirando Su Eucaristia nos muestra que lo que hay de mas perfecto es la vida interior, compuesta por entero de actos de corazon, de ímpetus de amor y de union a sus intenciones.

Reflexion del Padre Ignacio
Si nuestros defectos, ignorancia, dureza de corazon, egoismo, no permiten que brille el sol de Dios en nuestro interior, sera dificil impedir que las sombras obscurezcan nuestra conciencia.
Debemos estar atentos y cuando esas sombras aparezcan actuar.
Permitamos que la fuerza de Dios obre en nosotros, para lograr una conciencia clara y sana . Entreguense a Dios con fe y humildad.
Todos alguna vez nos equivocamos. Tenemos que aprender a superar miedos y vergüenzas para encontrar el verdadero camino hacia nuestra felicidad.

Meditemos y pidamos hoy a Jesus
Señor, ayúdame a cambiar, quiero una vida nueva.
Reconozco mis pecados, por eso confio en Tu Misericordia.
Ayúdame a ser mejor persona cada dia.
Gracias por darme la fuerza para seguir adelante.
Yo creo en Ti, Señor
No me abandones.
Amen

Oracion de Santa Teresita de Lisieux

Te ruego, divino Jesús, que me envíes una humillación cada vez que yo intente colocarme por encima de las demás. Yo sé bien Dios mío, que al alma orgullosa tú la humillas y que a la que se humilla le concedes una eternidad gloriosa; por eso, quiero ponerme en el último lugar y compartir tus humillaciones, para tener parte contigo en el reino de los cielos.

Pero Tú, Señor, conoces mi debilidad. Cada mañana hago el propósito de practicar la humildad, y por la noche reconozco que he vuelto a cometer muchas faltas de orgullo. Al ver esto, me tienta el desaliento, pero sé que el desaliento es también una forma de orgullo. Por eso, quiero, Dios mío, fundar mi esperanza sólo en Ti. Para alcanzar esta gracia de tu infinita misericordia, te repetiré muchas veces: ¡Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo!

Desde el Catecismo Catolico

1432 El corazón del hombre es rudo y endurecido. Es preciso que Dios dé al hombre un corazón nuevo (cf Ez 36,26-27). La conversión es primeramente una obra de la gracia de Dios que hace volver a él nuestros corazones: "Conviértenos, Señor, y nos convertiremos" (Lc 5,21). Dios es quien nos da la fuerza para comenzar de nuevo. Al descubrir la grandeza del amor de Dios, nuestro corazón se estremece ante el horror y el peso del pecado y comienza a temer ofender a Dios por el pecado y verse separado de él. El corazón humano se convierte mirando al que nuestros pecados traspasaron (cf Jn 19,37; Za 12,10).

Tengamos los ojos fijos en la sangre de Cristo y comprendamos cuán preciosa es a su Padre, porque, habiendo sido derramada para nuestra salvación, ha conseguido para el mundo entero la gracia del arrepentimiento (S. Clem. Rom. Cor 7,4).

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