martes, 8 de septiembre de 2009

Celebremos con júbilo el nacimiento de la santísima Virgen María, de la cual nació Cristo, nuestro Dios y Salvador.



JMS Natividad de la Virgen María Fiesta

Me llenaré de alegría en el Señor Cantaré al Señor por el bien que me ha hecho

Evangelio del dia 8 de Septiembre

Este fue el origen de Jesucristo: María su Madre, estaba comprometida con Jose y, cuando todavía no habian vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espiritu Santo. José su esposo, que era un hombre justo y no queria denunciarla publicamente, resolvió abandonarla en secreto.

Mientras pensaba en esto, el angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo:"José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espiritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque El salvará a su pueblo de todos sus pecados".

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que El Señor habia anunciado por el profeta: L a Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quién pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa "Dios con nosotros".

San Mateo 1, 18-23


Reflexión:

En dos expresiones explica Dios, a través de su mensajero, porqué quiso hacerse hombre: "Salvarnos de todos los pecados" y "Dios con nosotros"(habitar en medio nuestro, vivir "en" nosotros por la Gracia). Todo lo demas es secundario. y Mariá Santísima hizo posible este designio de salvación. Celebramos su nacimiento porque Maria es mediadora de toda bendición para los hombres, porque desde que Ella nació Dios miró con agrado a la tierra. P. G. S.

Propósito:

Mes de la Biblia: Rezar el Rosario meditando el pasaje del Evangelio correspondiente a cada misterio.

Oración a La Virgen Niña

¡OH graciosísima niña!, que con tu feliz nacimiento

has consolado al mundo, alegrado al cielo y aterrado al infierno;

has dado ayuda alos caídos,salud a los enfermos y alegria a todos;

te suplicamos con los mas fervorosos afectos que renazcas espiritualmente

con tu santo amor en nuestras almas; renueva nuestro espiritu para que te

sirvamos enciende de nuevo nuestro corazón para que te amemos;

y haz florecer en nosotros aquellas virtudes con las que podamos

hacernos siempre mas agradables a tus benignísimos ojos.

Amén

Dios Padre, al contemplar a María recién nacida, se alegró con una alegría infinita al ver a una criatura humana sin el pecado de origen, llena de gracia, purísima, destinada a ser la Madre de su Hijo para siempre. Con frecuencia, lo importante para Dios pasa oculto a los ojos de los hombres que buscan algo extraordinario para sobrellevar su existencia. Solo en el Cielo hubo fiesta, y fiesta grande.

Dios la contemplaba lleno de amor en los menudos quehaceres de cada día y se gozaba con un inmenso gozo en estas tareas sin apenas relieve.

Al contemplar su vida normal, nos enseña a nosotros a obrar de tal modo que sepamos hacer lo de todos los días de cara a Dios: a servir a los demás sin ruido, sin hacer valer constantemente los propios derechos o los privilegios que nosotros mismos nos hemos otorgado, a terminar bien el trabajo que tenemos entre manos...

Si imitamos a Nuestra Madre, aprenderemos a valorar lo pequeño de los días iguales, a dar sentido sobrenatural a nuestros actos, que quizá nadie ve: limpiar unos muebles, corregir unos datos en el ordenador, arreglar la cama de un enfermo, buscar las referencias precisas para explicar la lección que estamos preparando... Estas pequeñas cosas, hechas con amor, atraen la misericordia divina y aumentan de continuo la gracia santificante en el alma. María es el ejemplo acabado de esta entrega diaria, “que consiste en hacer de la propia vida una ofrenda al Señor”.



domingo, 6 de septiembre de 2009

Señor,Dadme Vuestro Amor y Gracia, que éstas me bastan. Amén.



JMS Un Ejemplo y numerosas conversiones
Ante el testimonio de una niña católica enferma de cáncer, muchas personas regresan a Dios, a la oración, o se convierten al catolicismo en Estados Unidos.

La breve vida de una niña devota católica en Seattle, Washington (EE.UU), ha permitido el retorno a la Iglesia a muchos católicos y la conversión de al menos diez estadounidenses. Además, a raíz del caso, se ha fundado una organización dedicada a apoyar a familias con miembros enfermos.

Soportando el sufrimiento
Gloria Strauss nació en 1996, tenía seis hermanos y llevó una vida completamente normal hasta cumplr los siete años. Era amable alegre, cariñosa y muy piadosa. Gustaba mucho del rezo del rosario. En el año 2003, los médicos le diagnosticaron un cáncer avanzado, conocido como neuroblastoma, y le dieron entre tres meses y tres años de vida. Gloria fué sometida a una cirugía y recibió tratamiento de quimioterapia. El caso llegó a médicos de todo el país, uniendo a miles de personas en una gran cadena de oración. Cuando aumentó la afuencia de personas, cinco miembros de la comunidad abrieron sus hogares para continuar con las oraciones.
La Oracion, lo mas importante:

Ante el dolor de su hija, algunos cuestionaron a su padre la calidad de vida que llevava su menor.
Doug Krauss estaba confundido y decidió preguntarle a Gloria si tenía calidad de vida. La niña le respondió "¡Sí, papá!", y emocionada añadió que muchas personas estaban empezando a rezar a causa de su enfermedad. "Ella nos enseñó a todos la manera de llevar una cruz. Nos dió como regalo su propio compromiso en una relación constante con Dios a través de la oración. Ella siempre dijo, "sí", recuerda Doug. El cáncer siguió avanzando y la pequeña Gloria falleció en Septiembre de 2007 cuando tenía once años de edad. Mas de tres mil personas asistieron a su funeral, la familia empezó a recibir historias de cómo el testimonio de su hija habia cambiado vidas y tiene conocimiento de al menos diez personas que se convirtieron al catolicismo por conocer la historia de Gloria.

Familia convertida
Una familia de luteranos que compartió un campamento con la familia Strauss decidió convertirse al catolicismo antes de la muerte de la niña. Gloria, antes de morir, supo de esta conversion y manifestó su alegría.

Con la ayuda de un empresario local, la familia Strauss inició una organización en memoria de su hija. Se llama Gloria’s angels y se dedica a asistir a familias que tienen algún miembro con una enfermedad grave
testimonios de personas

Esta Historia nos devuelve la Fe, para aquellos que la han perdido y nos renueva a todos los que vivimos en ella todos los dias de nuestras vidas!, Hermano, te invito a reflexionar rezando esta sencilla oracion para todos aquellos que estan luchando por su vida o pasando por un momento dificil tras el diagnostico de una dura enfermedad como esta, rezemos juntos y te propongo algo mas, cuando no sepas que hacer, o cuando tus problemas te superen reza por ellos un Padre Nuestro todos los dias, luego dos, luego tres, se dice que a Dios le agrada el alma que reza en la arides con firmesa y Fe por alguien ante poniendo a su hermano antes que el mismo.
Oremos:
Deso vivir en espiritu de fe, acepto todo lo que me sucede como enviado por la voluntad amorosa de Dios que desea sinceramente mi felicidad: por eso todo lo que Dios me envíe lo aceptaré con sumición y agradecimiento sin hacer caso a la voz de la naturaleza ni a las sugerencias del amor propio, estoy haciendo todavía grandes esfuerzos que sólo tú conoces, oh Jesús, mantenme en el santo temor para que no malgaste las gracias, Ayúdame a ser fiel a las inspiraciones del Espiritu Santo, Oh Dios Misericordioso que todavia me permites vivir, dame fuerzas para que pueda vivir una vida nueva, la vida del amor de Dios.

PADRE, ME PONGO EN TUS MANOS
Carlos de Foucauld

Padre, Me pongo en tus manos. Haz de mí lo que quieras. Sea lo que fuere, Por ello te doy las gracias. Estoy dispuesto a todo.

Lo acepto todo, Con tal de que se cumpla Tu voluntad en mí Y en todas tus criaturas. No deseo nada más, Padre.

Te encomiendo mi alma, Te la entrego Con todo el amor de que soy capaz, Porque te amo y necesito darme, Ponerme en tus manos sin medida, Con infinita confianza, Porque tu eres mi Padre.

Aquí se puede rezar el Padre nuestro, un Ave Maria y un Gloria.






sábado, 5 de septiembre de 2009

El Señor Dios es mi ayuda, él, quien me mantiene vivo. Yo te agradeceré, Señor, tu inmensa bondad conmigo.


JMS Santa María en Sábado María, el Altísimo te ha bendecido más que a todas las mujeres de la tierra, y de tal manera te ha glorificado, que los hombres no cesan de alabarte.

Oremos:

Por intercesión de la santísima Virgen María, llena de gracia, cuya gloriosa memoria estamos celebrando, haz, Señor, que también nosotros podamos participar de los dones de tu amor.

Por nuestro Señor Jesucristo... Amén.


Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie va al Padre, si no es por mí, dice el Señor.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas (6, 1-5)

Gloria a ti, Señor.

Un sábado, Jesús iba atravesando unos sembrados y sus discípulos arrancaban espigas al pasar, las restregaban entre las manos y se comían los granos. Entonces unos fariseos les dijeron:“¿Por qué hacen lo que está prohibido hacer en sábado?”

Jesús les respondió:

“¿Acaso no han leído lo que hizo David una vez que tenían hambre él y sus hombres? Entró en el templo y tomando los panes sagrados, que sólo los sacerdotes podían comer, comió de ellos y les dio también a sus hombres”.

Y añadió: “El Hijo del hombre también es dueño del sábado”.

Palabra del Señor.


Hoy, sábado, es un día apropiado para que meditemos la vida de fe de la Virgen y le pidamos su ayuda para crecer más y más en esta virtud teologal. Desde los primeros siglos, los cristianos han dedicado este día de la semana a honrar de modo muy particular a Nuestra Señora. Algunos teólogos, antiguos y recientes, señalan razones de conveniencia para honrar en este día a nuestra Madre del Cielo. Entre otras, porque el sábado fue para Dios el día de descanso, y la Virgen fue aquella en la que –como escribe San Pedro Damián– “por el misterio de la Encarnación, Dios descansó como en un lecho sacratísimo”; el sábado es también preparación y camino del domingo, símbolo y signo de la fiesta del Cielo, y la Virgen Santísima es la preparación y el camino hacia Cristo, puerta de la felicidad eterna. Santo Tomás señala que dedicamos el sábado a nuestra Madre porque “conservó en ese día la fe en el misterio de Cristo mientras Él estaba muerto”. Y además está el argumento de amor: los cristianos necesitamos un día particular para honrar a Santa María.
“Si buscas a María, encontrarás “necesariamente” a Jesús, y aprenderás –siempre con mayor profundidad– lo que hay en el Corazón de Dios”. Consideremos cómo vivimos el sábado habitualmente, y si tenemos específicos detalles de cariño hacia la Virgen.
La vida de Nuestra Señora no fue fácil. No le fueron ahorradas pruebas y dificultades, pero su fe saldrá siempre victoriosa y fortalecida, convirtiéndose en modelo para todos nosotros. “Como Madre, enseña; y, también como Madre, sus lecciones no son ruidosas. Es preciso tener en el alma una base de finura, un toque de delicadeza, para comprender lo que nos manifiesta, más que con promesas, con obras.

“Maestra de fe. ¡Bienaventurada tú, que has creído! (Lc 1, 45), así la saluda Isabel, su prima, cuando Nuestra Señora sube a la montaña para visitarla. Había sido maravilloso aquel acto de fe de Santa María: he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra (Lc 1, 38)

La fe de Santa María alcanzó su punto culminante iuxta crucem Iesu. Sin palabras, con su sola presencia en el Calvario por designio divino, manifiesta que la luz de la fe alumbra con esplendor incomparable en su corazón.

Toda la vida de María fue una obediencia a la fe. Contemplándola se comprende que “creer quiere decir “abandonarse” en la verdad misma de la palabra de Dios viviente, sabiendo y reconociendo humildemente “¡cuán insondables son sus designios e inescrutables sus caminos!”
Nos falta fe. El día en que vivamos esta virtud –confiando en Dios y en su Madre–, seremos valientes y leales. Dios, que es el Dios de siempre, obrará milagros por nuestras manos.

“—¡Dame, oh Jesús, esa fe, que de verdad deseo! Madre mía y Señora mía, María Santísima, ¡haz que yo crea!”, que sepa enfocar y dirigir todos los acontecimientos con una fe serena e inconmovible.


Santo del día:

Fuente: judithcorsino.com

Teresa de Calcuta, Beata Fundadora, 5 de septiembre

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Teresa de Calcuta, Beata

Teresa (Inés) Gonhxa Bojaxhiu
Fundadora

Martirologio Romano: En la ciudad de Calcuta, en la India, beata Teresa (Inés) Gonhxa Bojaxhiu, virgen, que, nacida en Albania, trató de apagar la sed de Cristo clavado en la cruz atendiendo con eximia caridad a los hermanos más pobres, y fundó las congregaciones de Misioneros y Misioneras de la Caridad, para servir a los enfermos y abandonados (1997).

La Madre Teresa fue albanesa de nacimiento y su nombre original es Agnes Gonxha Bojaxhiu. En el año 1948 la Madre Teresa adquirió la ciudadanía hindú. A los 18 años de edad, la Madre Teresa ingresó a la Orden de las Hermanas de Nuestra Señora de Loreto en Irlanda. Recibió su formación religiosa en Dublín, Irlanda y en Dardjiling, India.

En el año 1931, la Madre Teresa tomó el nombre de Teresa en honor a una monja francesa, Thérèse Martin quien fue canonizada en 1927 con el título de Santa Thérèse de Lisieux. En el año 1937 la Madre Teresa tomó los votos religiosos y enseñó por 20 años en el Colegio Santa María en Calcuta, India y en el año 1946, precisamente el 10 de setiembre, recibió otro llamado de Dios, el servicio hacia los más pobres. En el año 1948, el Papa Pio XII le concedió a la Madre Teresa permiso para dejar sus funciones como monja independiente y empezó a compartir su vida en las calles de Calcuta con los más pobres, los enfermos y los hambrientos.

La Madre Teresa fundó una congregación llamada las Misioneras de la Caridad. Su trabajo inicial fue el de enseñar a leer a los niños pobres de la calle. En el año 1950, la Madre Teresa empezó a ayudar a las personas enfermas de lepra. En el año 1965, el Papa Pablo VI colocó a la congregación de las Misioneras de la Caridad bajo el control del Papado y autorizó a la Madre Teresa a expandir la Orden religiosa en otros países. Alrededor de todo el mundo se abrieron centros para atender leprosos, ancianos, ciegos y personas que padecen del SIDA y se fundaron escuelas y orfanatos para los pobres y niños abandonados.

La Madre Teresa merece un lugar especial en esta red gigantesca de comunicación porque su obra es un mensaje de amor. Su trabajo demuestra que una convicción verdadera siempre está acompañada por una acción, que el amor en acción es servicio. Ganó el Premio Nobel de la Paz en el año 1979 contra su voluntad pero que agradeció en nombre de los más pobres entre los pobres.

Beatificación: 19 Octubre, 2003

Autor: Marcelino de Andrés y Juan Pablo Ledesma

Una mujer, una verdadera heroína Historia de amor.. Madre Teresa de Calcuta.

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Una mujer, una verdadera heroína

Bengala no tiene mar. Es un océano de miseria y pobreza humana. Teresa Bojaxhiu, más conocida comoMadre Teresa, describe con su puño y letra...

“Muchos vienen de lejos, a veces caminando durante horas. Rostros macilentos, cuerpos cansinos, condecorados de llagas en las orejas y en los pies. Por sus espaldas corren surcos de sangre y de pústula. No basta acoger y compadecerse.

Es necesario explicarles al menos tres veces cómo se toma una medicina, y contestar al menos tres veces a las mismas preguntas. La mesa de operaciones es muy sencilla: un cajón viejo. Han llegado algunas mujeres con sus hijos. Hay que cortar, apretar y vendar sus heridas. De una joven mujer cuelga un brazo fracturado. Entre el grupo del fondo se adelanta un joven que durante una lucha con un delincuente -asegura él- ha recibido una cuchillada en la espalda.

También se acerca un hombre con un paquete del cual penden, como dos ramas secas, las piernecitas de un niño. Admiración ante el bulto que ahora desenvuelve. ¡Sorpresa! Es un chiquillo. Parece muy débil.

-Pronto entrará en la eternidad-, susurra una voz lastimera.

-Quizás ya sea demasiado tarde-, cuchichean alrededor. Ni corta ni perezosa, una hermana corre a acercar unas gotas de agua bendita entre sus manos... El hombre parece ni entender la trascendencia de estos instantes y, recogiendo su envoltorio, unas simples páginas de periódico arrugado, teme que no se quiera al niño y dice a voz en grito:

-Si no lo quieren, lo echaré en cualquier parte, en cualquier basurero.¡Seguro que las ratas o los perros no lo despreciarán!

A todos se les hiela el corazón.¡No! ¡Pobre criatura! Débil y ciego, manojo de carne que apenas resiste la vida. Ciego, completamente ciego.

Con mucha piedad y cariño la hermana toma al niño entre sus tiernos brazos. Lo tiene en el regazo. El pequeño ha encontrado una segunda madre. Otra hermana, emocionada, susurra unas palabras del Evangelio: "Quien acoge a un niño como éste, me acoge a mí".

Esta es una historia de amor. No me la he inventado. Sucedió Una historia real que se repite cada día, en cada corazón generoso y abierto. Esta historia no tiene tiempo, porque puede ser la tuya, la de tu amigo, la de... Tampoco tiene un espacio o un lugar concreto, porque se puede representar en cualquier escenario de la vida. Basta tener corazón, aprenderse el papel de bueno y salir al encuentro.

De la historia que acabas de leer, ¿quién te gustaría ser? ¿Ese corazón inundado de amor por los sufrimientos humanos? ¿Esa mano que abraza y sobrelleva la enfermedad de otros? ¿O el egoísmo vil y asesino, encarnado en indiferencia y desinterés que desenvuelve el paquete de la vida?

En el fondo, todos representamos y somos ese niño, pobre, indefenso, que lucha por vivir, por ser aceptado y amado. Y los demás, el prójimo, son uno u otro: o la mano amorosa o la garra asesina. No hay vuelta de hoja. Y es que hay enfermedades más terribles y espantosas que el cáncer, la lepra o el sida.

Casa en Santa Fe, Ciudad de México. Cerca de 200 niños enfermos. Para muchos una antesala de muerte, un horno de dolor humano. Se requiere de mucho temple y de gran coraje para entrar y mirar a estos... ¿niños? ¿desperdicios de persona? ¿monstruos de la naturaleza? Es preciso armarse de valor para visitarlos y no hundirse en el pozo del desaliento.

Es allí donde se encuentran y, al mismo tiempo, se enfrentan dos mundos muy reales y muy distintos. Los dos mundos que somos cada uno de nosotros: el mundo del egoísmo y el del amor.

No son enfermeras, profesoras, ni asistentes sociales. Son "ángeles en la tierra". Toda su vida es un "desafío valeroso del amor". Los enfermos y los pobres son su constante y cotidiana pasión. Los niños abandonados, los huérfanos y moribundos de los basureros de la Ciudad.

¿Cómo puede haber en la tierra personas tan buenas, tan generosas y desprendidas de sí? ¿Cómo se llega a ese grado de bondad? ¿Cómo se aprende a amar?

Amar es un arte y sólo se aprende a amar, amando. Este ejercicio requiere olvidarse de uno mismo; soltar amarras y mirar al mundo y ver a los hombres y mujeres de nuestro mundo: mapas del dolor.

Y ante esta realidad, poder decir con Madre Teresa: "Somos una gota en el océano de la miseria y del sufrimiento humano. Pero si no fuese por esa gota, la miseria y el sufrimiento serían todavía más grandes..."


Contáctalas y ayúdales con tu trabajo voluntario o donaciones. Ellas están haciendo el trabajo por los pobres que nosotros no estamos haciendo. Busca el convento más cercano en:

http://www.motherteresacause.info/list.htm

Sito oficial motherteresacause.info

viernes, 4 de septiembre de 2009

Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida. Aleluya.


JMS Evangelio y Meditacion

Oremos:

Enciende, Señor, nuestros corazones con el fuego de tu amor a fin de que, amándote en todo y sobre todo, podamos obtener aquellos bienes que no podemos nosotros ni siquiera imaginar y has prometido tú a los que te aman.

Por nuestro Señor Jesucristo...Amén.

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (5, 33-39)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, los fariseos y los escribas le preguntaron a Jesús: “¿Por qué los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oración, igual que los discípulos de los fariseos, y los tuyos, en cambio, comen y beben?”

Jesús les contestó: “¿Acaso pueden ustedes obligar a los invitados a una boda a que ayunen, mientras el esposo está con ellos? Vendrá un día en que les quiten al esposo, y entonces sí ayunarán”.

Les dijo también una parábola: “Nadie rompe un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque echa a perder el nuevo, y al vestido viejo no le queda el remiendo del nuevo. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo revienta los odres y entonces el vino se tira y los odres se echan a perder. El vino nuevo hay que echarlo en odres nuevos y así se conservan el vino y los odres. Y nadie, acabando de beber un vino añejo, acepta uno nuevo, pues dice: ‘El añejo es mejor’ ”.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

De Jesús aprendemos a tener muchos amigos. El cristiano está siempre abierto a los demás.
Un día el Maestro, extendiendo sobre sus discípulos su mano, pronunció estas consoladoras palabras: He aquí a mi madre y a mis hermanos.... Y nos enseñó que quienes creen y le siguen con obras –los que cumplen la voluntad de mi Padre– ocupan en su corazón un lugar de predilección y le están unidos con lazos más estrechos que los de la sangre. En el discurso de la Última Cena les dirá, con sencillez y sinceridad conmovedoras:
Como el Padre me ha amado, así también Yo os he amado... Os he llamado amigos, porque os he dado a conocer todas las cosas que he oído a mi Padre.

El Señor quiso ser ejemplo de amistad verdadera y estuvo abierto a todos, a quienes atraía con particular ternura y afecto. “Dejaba escapar entonces –comenta bellamente San Bernardo– toda la suavidad de su corazón; se abría su alma por entero y de ella se esparcía como vapor invisible el más delicado perfume, el perfume de un alma hermosa, de un corazón generoso y noble”. Y se convertía en amigo fiel y abnegado de todos. De su ser provenía aquel poder de atracción que San Jerónimo comparó a un imán extraordinario.

Jesús nos llama amigos. Y nos enseña a acoger a todos, a ampliar y desarrollar constantemente nuestra capacidad de amistad. Y solo aprenderemos si le tratamos en la intimidad de una oración confiada: “Para que este mundo nuestro vaya por un cauce cristiano –el único que merece la pena–, hemos de vivir una leal amistad con los hombres, basada en una previa leal amistad con Dios”.


. Jesús tuvo amigos en todas las clases sociales y en todas las profesiones: eran de edad y de condición bien diversas. Desde personas de gran prestigio social, como Nicodemo o José de Arimatea, hasta mendigos como Bartimeo. En la mayor parte de las ciudades y aldeas encontraba gentes que le querían y que se sentían correspondidas por el Maestro, amigos que no siempre el Evangelio menciona por sus nombres, pero cuya existencia se deja entrever. En Betania, las hermanas de Lázaro, con el mensaje confiado y doloroso a un tiempo que le hacen llegar a Jesús, dejan bien claro el lazo que unía aquella familia con el Maestro: Señor, mira, el que amas está enfermo. Jesús amaba a Marta y María y a Lázaro. Cuando llegó el Maestro a Betania, Lázaro había muerto. Y, ante la sorpresa de todos, Jesús comenzó a llorar. Decían entonces los judíos: Mirad cómo le amaba. ¡Jesús llora por un amigo!, no permanece impasible ante el dolor de quienes más aprecia, ni ante la experiencia del hombre frente a la muerte; la muerte de una persona particularmente amada. Jesús llora en silencio lágrimas de hombre; los que estaban allí quedaron asombrados.

Nunca debemos cansarnos de considerar lo que el Señor nos quiere. “Jesús es tu amigo. —El Amigo.
—Con corazón de carne, como el tuyo. —Con ojos, de mirar amabilísimo, que lloraron por Lázaro...

“—Y tanto como a Lázaro, te quiere a ti”.

A Jesús le gustaba conversar con las personas que acudían a Él o con las que encontraba en el camino. Aprovechaba esas conversaciones, que en ocasiones se iniciaban sobre temas intrascendentes, para llegar al fondo de sus almas y llenarlas de amor. Todas las circunstancias fueron buenas para hacer amigos y llevarles el mensaje divino que había traído a la tierra. Nosotros no debemos olvidar que “amistad y caridad forman una sola cosa: luz divina que da calor”.

De Cristo aprendemos a tener muchos amigos, aprovechando las relaciones de vecindad, de trabajo, de estudio, encuentros fortuitos y otros buscados. El cristiano está siempre abierto a los demás. Con el amigo se comparte lo mejor que se posee; nosotros no tenemos nada que valga tanto como la amistad con Jesucristo, afianzada a lo largo de los años, después de tantos ratos de oración –cuántas cosas le hemos dicho– y de tantos momentos junto al Sagrario. El afán apostólico y las virtudes humanas de la convivencia nos ayudarán a encontrar los puntos de unión y de entendimiento con los compañeros, con los clientes, con las demás personas, y sabremos prescindir y olvidar lo que desune, cediendo con elegancia en nuestros puntos de vista cuando se trate de asuntos de poca importancia que separan y van creando distancias que hacen difícil la confianza y el mutuo entendimiento.

Si nos sabemos amigos de Jesús, sus amigos íntimos, ¿no es lógico que aprendamos lo que es la amistad verdadera y que sepamos, como Él, llegar al fondo de las almas? ¿Sabemos comunicar el amor a Cristo que llevamos en el corazón?

Un amigo fiel es poderoso protector; el que lo encuentra halla un tesoro. Nada vale tanto como un amigo fiel; su precio es incalculable. Así nos habla la Sagrada Escritura del valor de la amistad, y a la vez nos enseña que es necesario buscarla, poner los medios para encontrarla. Y, una vez hallada, es necesario cultivarla por encima del tiempo, de las distancias, de todo aquello que tienda a separar: la diversidad de gustos, de opiniones, de intereses...

La amistad requiere que ayudemos al amigo. “Si descubres algún defecto en el amigo corrígele en secreto (...). Las correcciones hacen bien y son de más provecho que una amistad muda”, que calla mientras ve que el amigo se hunde. La amistad ha de ser perseverante: “No cambiemos de amigos como hacen los niños, que se dejan llevar por la ola fácil de los sentimientos”. No te avergüences de defender al amigo. “No le abandones en el momento de la necesidad, no le olvides, no le niegues tu afecto, porque la amistad es el soporte de la vida. Llevemos los unos las cargas de los otros, como nos enseñó el Apóstol... Si la prosperidad de uno aprovecha a todos sus amigos, ¿por qué en la adversidad no va a encontrar la ayuda de todos sus amigos? Ayudémosle con nuestros consejos, unamos nuestros esfuerzos a los suyos, participemos de sus aflicciones.

“Cuando sea necesario, soportemos incluso grandes sacrificios por lealtad hacia el amigo. Quizá haya que afrontar enemistades para defender la causa del amigo inocente, y muy a menudo recibir insultos cuando trates de responder y rebatir a aquellos que le atacan y le acusan (...). En la adversidad se prueban los amigos verdaderos, pues en la prosperidad todos parecen fieles”.


La caridad sobrenatural fortalece y enriquece la amistad. El amor a Cristo nos vuelve más humanos, con más capacidad de comprensión, más abiertos a todos. Si Cristo es el mejor amigo, aprenderemos a fortalecer una relación que quizá se estaba rompiendo, a quitar un obstáculo, a superar el egoísmo y la comodidad de quedarnos en nosotros mismos. Junto al Señor sabremos hacer mejores, llevar a la santidad, a quienes tenemos más cerca, porque les transmitiremos la fe en Él. A lo largo de los siglos, ¡cuántos han transitado por la senda de la amistad hacia el Señor!

Mira a Cristo. Bien sabes que te considera entre sus íntimos. Somos los amigos del Esposo, pues nos llama a participar de su predilección y de sus bienes. Referidas a Cristo, tienen su plenitud aquellas palabras del Libro del Eclesiástico: El amigo fiel no hay con qué pagarlo. Mostró su fidelidad hasta dar su vida por cada uno de nosotros. Aprendamos de Él a ser amigos de nuestros amigos, y no dejemos de dar a estos lo mejor que tenemos: el amor a Jesús.

Haced, Señor, que emplee toda mi vida en hacer mejores a los que me rodean y en llevarlos conmigo al cielo. Amén.


JMS Aprovechemos las innumerables gracias que Jesús concede a quienes desagravian su Sagrado Corazón los primeros Viernes de mes.
“Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor omnipotente concederá a todos aquellos que comulguen nueve Primeros Viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final: No morirán en desgracia mía, ni sin recibir sus Sacramentos, y mi Corazón divino será su refugio en aquél último momento.”
Eso le dijo a Santa Margarita María de Alacoque (cuyo cuerpo permanece incorrupto a pesar de los 330 años transcurridos), el 16 de junio de 1675.

Las Doce Promesas del Sagrado Corazón

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1. Les daré todas las gracias necesarias para su estado de vida.

2. Les daré paz a sus familias.

3. Las consolaré en todas sus penas.

4. Seré su refugio durante la vida y sobre todo a la hora de la muerte.

5. Derramaré abundantes bendiciones en todas sus empresas.

6. Los pecadores encontrarán en mi Corazón un océano de misericordia.

7. Las almas tibias se volverán fervorosas.

8. Las almas fervorosas harán rápidos progresos en la perfección.

9. Bendeciré las casas donde mi imagen sea expuesta y venerada.

10. Otorgaré a aquellos que se ocupan de la salvación de las almas el don de mover los corazones más endurecidos.

11. Grabaré para siempre en mi Corazón los nombres de aquellos que propaguen esta devoción.

12. Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor omnipotente concederá a todos aquellos que comulguen nueve Primeros Viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final: No morirán en desgracia mía, ni sin recibir sus Sacramentos, y mi Corazón divino será su refugio en aquél último momento.

Condiciones para ganar esta gracia:

1. Recibir la Sagrada Comunión durante nueve primeros viernes de mes de forma consecutiva y sin ninguna interrupción. Se sugiere confesión con intención de reparar las ofensas al Sagrado Corazón.

2. Tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús y de alcanzar la perseverancia final.

3. Ofrecer cada Sagrada Comunión como un acto de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento.

Si bien no hay una fórmula preestablecida, enviamos este ejemplo de oración para después de cada una de las Comuniones de los nueve primeros viernes

Jesús mío dulcísimo, que en vuestra infinita y dulcísima misericordia prometisteis la gracia de la perseverancia final a los que comulgaren en honra de vuestro Sagrado Corazón nueve primeros viernes de mes seguidos: acordaos de esta promesa y a mi, indigno siervo vuestro que acabo de recibiros sacramentado con este fin e intención, concededme que muera detestando todos mis pecados, creyendo en vos con fe viva, esperando en vuestra inefable misericordia y amando la bondad de vuestro amantísimo y amabilísimo Corazón. Amén.

PRIMER VIERNES


Yo te prometo, en el exceso de la misericordia de mi corazón, que mi amor omnipotente concederá a todos los que comulguen los primeros viernes de mes, durante nueve meses consecutivos, la gracia de la penitencia final, y que no morirán en mi desgracia, ni sin recibir los Santos Sacramentos, asegurándoles mi asistencia en la hora postrera.

¡Oh buen Jesús, que prometisteis asistir en vida, y especialmente en la hora de la muerte, a quien invoque con confianza vuestro Divino Corazón! Os ofrezco la comunión del presente día, a fin de obtener por intercesión de María Santísima, vuestra Madre, la gracia de poder hacer este año los nueve primeros viernes que deben ayudarme a merecer el cielo y alcanzar una santa muerte. Amén.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS VIERNES

Jesús mío, os doy mi corazón..., os consagro toda mi vida..., en vuestras manos pongo la eterna suerte de mi alma... y os pido la gracia especial de hacer mis nueve primeros Viernes con todas las disposiciones necesarias para ser partícipe de la más grande de vuestras promesas, a fin de tener la dicha de volar un día a veros y gozaros en el cielo. Amén.

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SEGUNDO VIERNES

Les daré todas las gracias necesarias a su estado.

Jesús misericordioso, que prometisteis, a cuantos invoquen confiados vuestro Sagrado Corazón, darles las gracias necesarias a su estado: os ofrezco mi comunión del presente día para alcanzar, por los méritos e intercesión de vuestro Corazón Sacratísimo, la gracia de una tierna, profunda e inquebrantable devoción a la Virgen María.

Siendo constante en invocar la valiosa providencia de María, Ella me alcanzará el amor a Dios, el cumplimiento fiel de mis deberes y la perseverancia final. Amén.

ORACIÓN FINAL. Jesús mío, os doy mi corazón...

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TERCER VIERNES

Pondré paz en las familias. Bendeciré los lugares donde se venera la imagen de mi Corazón.

Jesús amantísimo, que prometisteis bendecir las casas donde se venera la imagen de vuestro Sagrado Corazón, yo quiero que ella presida mi hogar; os ofrezco la comunión del presente día para alcanzar por vuestros méritos y por la intercesión de Vuestra Santa Madre que todos y cada uno de los miembros de mi familia conozcan sus deberes; los cumplan fielmente y logren entrar en el cielo, llenas las manos de buenas obras.

¡Oh Jesús, que os complacéis en alejar de nuestro hogar las disensiones, las enfermedades y la miseria! Haced que, nuestra vida sea una no interrumpida acción de gracias por tantos beneficios. Amén.

Jesús mío, os doy...

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CUARTO VIERNES

Seré su consuelo en todas las tribulaciones.

Jesús mío, que prometisteis consuelo a cuantos a Vos acuden en sus tribulaciones: os ofrezco mi Comunión del presente día para alcanzar de vuestro Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de vuestra Madre Santísima la gracia de venir al Sagrario a pedir fuerza y consuelo cuantas veces me visiten las penas. ¡Oh Jesús, oh María, consolad y salvad a los que sufren! ¡Haced que ninguno de sus dolores se pierda para el cielo! Amén.

Jesús mío, os doy…

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QUINTO VIERNES

Derramaré copiosas bendiciones en todas sus empresas.

Jesús mío, que prometisteis bendecir los trabajos de cuantos invoquen confiados Vuestro Divino Corazón: os ofrezco la comunión del presente día para alcanzar por vuestra Santísima Madre la gracia de que bendigáis mis estudios..., mis exámenes..., mi oficio..., y todos los trabajos de mi vida.

Renuevo el inquebrantable propósito de ofreceros cada mañana al levantarme, y por mediación de la Santísima Virgen, las obras y trabajos del día..., y de trabajar con empeño y constancia para complaceros y alcanzar en recompensa el cielo. Amén.

Jesús mío, os doy...

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SEXTO VIERNES

Los pecadores hallarán en mi Corazón un océano de misericordia.

Sagrado Corazón de Jesús, siempre abierto a los pecadores arrepentidos: os ofrezco la comunión del presente día para alcanzar por vuestros méritos infinitos y por los de vuestra Santísima Madre la conversión de cuantos obran mal. Os suplico, ¡buen Jesús!, inundéis su corazón de un gran dolor de haberos ofendido. Haced que os conozcan y os amen. Dispensadme la gracia de amaros más y más y en todos los instantes de mi vida, para consolaros y reparar la ingratitud de quienes os olvidan. Amén.

Jesús mío, os doy…

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SÉPTIMO VIERNES

Las almas tibias hallarán fervor. Las almas fervorosas llegarán presto a la perfección.

Sin vuestro auxilio, Jesús mío, no podemos avanzar en el camino del bien. Señor, por mediación de la Virgen María, os ofrezco la comunión de este día para que avivéis en mi alma el amor a vuestro Corazón Sagrado y concedáis este amor a cuantos no lo sienten. Ayudado de vuestra divina gracia lucharé, Señor, para que cada semana..., cada mes..., avance un poco en la virtud que más necesito. Amén.

Jesús mío, os doy…

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OCTAVO VIERNES

Daré a cuantos trabajan por la salvación de las almas el don de ablandar los corazones más endurecidos.

Sagrado Corazón de Jesús, que prometisteis inspirar a los que trabajan por la salvación de las almas aquellas palabras que consuelan, conmueven y conservan los corazones; os ofrezco mi comunión de hoy para alcanzar, mediante la intercesión de María Santísima, la gracia de saber consolar a los que sufren y la gracia de volver a Vos, Señor, a los que os han abandonado.

¡Dulce Salvador mío, concededme y ayudadme a salvar almas! ¡Son tantos y tantos los desgraciados que empujan a los demás por el camino del vicio y del infierno! Haced, Señor, que emplee toda mi vida en hacer mejores a los que me rodean y en llevarlos conmigo al cielo. Amén.

Jesús mío, os doy...

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NOVENO VIERNES

Guardaré recuerdo eterno de cuanto un alma haya hecho a mayor gloria de mi Corazón. Los que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón, de donde no será borrado.

Os ofrezco, Jesús mío, la Comunión del presente día para alcanzar la gracia de saber infundir en el alma de cuantos me rodean ilimitada confianza en vuestro Corazón Divino. Dadme cuanto necesito para llevar a Vos a los que luchan..., a los que lloran..., a los caídos..., a los moribundos... Y dignaos, ¡oh Jesús!, escribir hoy mi nombre en vuestro Corazón y decir a los ángeles que rodean vuestro Tabernáculo: «Este nombre es el de un devoto que, amándome mucho, quiere consolarme del olvido e ingratitud de tantos hombres.» Amén.

Jesús mío, os doy….

Aclaración respecto al título de este mensaje:

Muchos Santos, cuentan cómo pecadores empedernidos han sido salvados en la hora de su muerte por haber realizado ésta u otra devoción años atrás.

Si bien es cierto que existe la libertad humana de rechazar a Dios hasta el momento final, es imposible rechazarlo cuando se aparece Jesús EN PERSONA y FRENTE A NUESTROS OJOS, alejando al maligno en sus últimos desesperados intentos por desesperarnos, y llenándonos de paz y confianza en su Divina Misericordia.

El problema en el fondo no es el título, sino en no creer en la promesa de Jesús.

Esto no es un cheque en blanco para pecar porque, después de la Misericordia, a la que sólo se accede en vida terrena, se aplica la Justicia: deberemos pagar hasta el último pecado sin reparar, en el Purgatorio, donde se sufre más que cualquier tormento en la tierra, y también deberemos rendir cuenta de todas las buenas obras que pudimos hacer y no hicimos por nuestro egoísmo y de las almas que se perdieron por las gracias desaprovechadas por nuestra tibieza, al no tratar de ser perfectos como nos pide Jesús.

Por favor, reenvíe este mensaje de salvación

en reparación de las heridas

que cada pecado causa en el Sagrado Corazón:

¡ Jesús mismo y miles de almas, se lo agradecerán en la tierra y en el Cielo !

Fuente: ewtn.org, devocionario.com





jueves, 3 de septiembre de 2009

Dios se apoya en ti; Lánzate a las aguas con la audacia de los enamorados de Dios”.


JMS "Síganme, dice el Señor, y yo los haré pescadores de hombres". Aleluya.

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (5, 1-11)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la palabra de Dios. Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla. Los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que la alejara un poco de tierra, y sentado en la barca, enseñaba a la multitud.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar”. Simón replicó: “Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra echaré las redes”.

Así lo hizo y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían.

Entonces hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudarlos. Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: “¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!”

Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos de asombro, al ver la pesca que habían conseguido. Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Entonces Jesús le dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”. Luego llevaron las barcas a tierra, y dejándolo todo, lo siguieron.

Palabra del Señor.

Oremos:

Señor Dios, que cuidas de tu pueblo con ternura y lo gobiernas con amor, concede tu espíritu de sabiduría, por intercesión del Papa san Gregorio, a quienes has encomendado el gobierno de la Iglesia, a fin de que no se pierda ninguna oveja de las confiadas a su cuidado.

Por nuestro Señor Jesucristo...

Amén.

EL PODER DE LA OBEDIENCIA

“El secreto de todos los avances y de todas las victorias está en saber “volver a empezar”, en sacar la lección de un fracaso y después intentar una vez más”. A través de esos aparentes fracasos, quizá quiera decirnos el Señor que debemos actuar por motivos más sobrenaturales, por obediencia, por Él y solo por Él. “¡Oh poder de la obediencia! -El lago de Genesaret negaba sus peces a las redes de Pedro. Toda una noche en vano.

“—Ahora, obediente, volvió la red al agua y pescaron “piscium multitudinem copiosam” -una gran cantidad de peces.

“—Créeme: el milagro se repite cada día”.

Si alguna vez nos encontramos cansados y sin fuerzas para recomenzar, miraremos al Señor que nos acompaña en esta barca nuestra. Entonces Jesús nos invita a poner en práctica, con docilidad interior, con empeño, esos consejos que hemos recibido en la Confesión, en la dirección espiritual, y encontraremos las fuerzas. “Muchas veces –dice Santa Teresa– me parecía no poder sufrir el trabajo conforme a mi bajo natural; me dijo el Señor: Hija, la obediencia da fuerzas”.

Este pasaje del Evangelio está lleno de enseñanzas:

por la noche, en ausencia de Cristo, la labor había sido estéril. Lo mismo ocurre en la vida de los cristianos cuando pretenden sacar adelante tareas apostólicas sin contar con el Señor, en la oscuridad más grande, dejándose llevar exclusivamente de la propia experiencia o de esfuerzos demasiado humanos. “Te empeñas en andar solo, haciendo tu propia voluntad, guiado exclusivamente por tu propio juicio... y, ¡ya lo ves!, el fruto se llama “infecundidad”.

“Hijo, si no rindes tu juicio, si eres soberbio, si te dedicas a “tu” apostolado, trabajarás toda la noche –¡toda tu vida será una noche!–, y al final amanecerás con las redes vacías”.

Pedro mostró su humildad al obedecer a quien, por no ser hombre de mar, bien se podría pensar que poco o nada sabía de aquel trabajo en el que, día tras día, él, Simón, había conseguido tanta experiencia y un gran saber. Sin embargo, se fía del Señor, tiene más confianza en la palabra de Jesús que en sus años de brega. Esto nos indica también que el Señor ya lo había ganado para Sí, que ya poco faltaba para que lo dejara todo por Él.

Esta obediencia, esta confianza en las palabras de Jesús fue la última preparación de Pedro para recibir su llamamiento definitivo. Parece como si el Señor hubiera dispuesto su llamada después de un acto de obediencia y de confianza plena.

La necesidad de la obediencia para quien quiere ser discípulo de Cristo –por encima de toda razón de conveniencia, de eficacia– está en que forma parte del misterio de la Redención, pues Cristo mismo “reveló su misterio y realizó la redención con su obediencia”. Por eso, el que quiera seguir los pasos del Maestro no puede limitar su obediencia; Él nos enseñó a obedecer en lo fácil y en lo heroico, “pues obedeció en cosas gravísimas y dificilísimas: hasta la muerte de Cruz”.

La obediencia nos lleva a querer identificar en todo nuestra voluntad con la voluntad de Dios, que se manifiesta a través de los padres, de los superiores, de los deberes que llevan consigo los quehaceres familiares, sociales y profesionales. La voluntad de Dios en lo que hace referencia al alma se revela de modo muy particular en los consejos de la dirección espiritual.

El Señor espera de nosotros, por tanto, una conducta enteriza que incluye –en toda circunstancia– una obediencia delicada y alegre: sujeción, por Dios, a la autoridad legítima en los diversos órdenes de la vida humana, primordialmente al Romano Pontífice y al Magisterio de la Iglesia.

Si permanecemos con Cristo, Él llena siempre nuestras redes. Junto a Él, incluso lo que parecía estéril y sin sentido se vuelve eficaz y fructuoso. “La obediencia hace meritorios nuestros actos y sufrimientos, de tal modo que, de inútiles que estos últimos pudieran parecer, pueden llegar a ser muy fecundos. Una de las maravillas realizadas por nuestro Señor es haber hecho que fuera provechosa la cosa más inútil, como es el dolor.

Él lo ha glorificado mediante la obediencia y el amor”.




miércoles, 2 de septiembre de 2009

Ayudar a todos, tratar a cada uno como Cristo lo hubiera hecho en nuestro lugar.


JMS Evangelio del dia 2 de Septiembre de 2009

Salmo 85, 3.5

Ten Piedad de mi, Señor, porque te invoco todo el día. Tú Señor eres bueno e indulgente, rico en Misericordia con aquellos que te invocan.

Oremos:
Dios Todopoderoso, de quien procede todo don perfecto, infunde en nuestros corazones el amor de Tu Nombre, para que, por el aumento de nuestra piedad, afirmes en nosotros lo bueno y, mediante una atenta solicitud, lo conserves constantemente. Por Nuestro Señor Jesucristo.


Evangelio:

Al salir de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón tenía mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella, Jesús increpó a la fiebre y esta desapareció. Enseguida ella se levantó y se puso a servirlos. Al atardecer, todos los que tenian enfermos afectados de diversas dolencias se los llevaron, y El, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. De muchos salian demonios, gritando: "¡Tú eres el Hijo de Dios!" Pero El los increpaba y no los dejaba hablar, porque ellos sabian que era el Mesías.

Cuando amaneció, Jesús salió y se fué a un lugar desierto. La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, Querian retenerlo para que no se alejara de ellos. Pero El les dijo: "Tambien a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado".

Y predicaba en las sinagogas de toda Judea.

San Lucas 4, 38-44.


Reflexion del evangelio:

Jesús imponia la mano sobre cada uno de los enfermos. Si hubiese querido, podría haber hecho el milagro de una curación masiva, pero no. El viene por cada uno. Claro esto no puede interesarnos si solo buscamos obtener lo que queremos y nada mas. Pero cuando comprendamos que nos ama y nos llama por nuestro nombre, entonces comenzamos a vivir el cielo en la tierra y nuestra vida cristiana cambiará.

Propósito:

Buscaré y recortaré alguna lámina del Evangelio para regalarlo a algunos niños, así contemplen la vida de Jesús.


Meditemos:

El poder de Jesús trae todo lo bueno,; la salud, el servicio y la comunión. Jesús pone en ejercicio su poder para expulsar el mal. Todos los que se sienten nesecitados, todos los que ven flaquear sus fuerzas, acuden a Jesús. El Reino de Dios se realiza en medio de los pobres y los enfermos, de los que hacen lugar para que Dios venga a Reinar.
Los pesares que agobian a la humanidad solo hallan respuesta y consuelo en la oracion
La amistad que Dios nos brinda en Cristo hay que descubrirla en medio del mundo que nos toca vivir. La falta de quietud espiritual, el nerviosismo o la depresion y el desaliento reflejan un espiritu enfermo.
Hay en muchos una preocupacion exagerada hacia la propia inquietud, una interrogacion ansiosa
ante los menores síntomas de cualquier malestar. Parecería que se exigen milagros de vida, cuando ella no nos debe nada y todo se lo hemos de dar nosotros. Muchos quedan defraudados por esto y van adquiriendo un gesto pesimista y amargo que los llena de soledad interior y de disgusto, como si respiraran en el vacío.
Debemos recordar que Dios nos creó para El, y no debemos descansar hasta reposar en su corazón.
"Vengan a Mí todos los que esten afligidos y agobiados y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de Mí, que soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio"., nos dice el Señor en Mateo 11, 28-29.
Bebamos en "la fuente del Espiritu" orando con el corazon, con reflexión, devolviendo amor a tanto amor, para así curar la enfermedad de nuestros corazones afligidos.
Solo si miramos a Cristo, si le amamos, venceremos la pereza y la comodidad, saldremos de la torre de marfil que cada uno tiende a construirse a su alrededor, haremos que muchos ciegos vean a Cristo, que muchos sordos le oigan, que muchos paralíticos caminen a su lado, pues el Señor cuenta con nuestra colaboración.